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Karen llora en un bus: mujer colombiana con filo de cine (Junio 2011)

En quince años de cine colombiano (de 1996 a 2010) se han estrenado unas 100 películas nacionales, 100 historias que exploran diferentes realidades y espacios del país. Sin embargo, sólo 13 películas han tenido como protagonista a una Mujer. Entre ellas están “Ilona llega con la lluvia” (1996), “La vendedora de rosas” (1998), “María llena de gracia” (2004), “Rosario Tijeras” (2005), “Te amo Ana Elisa” (2008), “La Sangre y la lluvia” (2009) y “Rabia” (2010). Actrices como Margarita Rosa de Francisco, Lady Tabares, Catalina Sandino, Flora Martínez y Martina García han podido explorar personajes de mujeres mucho más complejas e indescifrables, que los maniquíes que usualmente se ven en Televisión. De cualquier modo, el protagonismo de la mujer en el cine colombiano es escaso, por lo que siempre son bienvenidas las historias para cine en las que el liderazgo narrativo lo lleva una mujer.

“Karen llora en un bus” es una historia sobre la transformación progresiva de la protagonista, sobre el camino que recorre Karen, desde la pasividad y el miedo hasta la independencia y la luminosidad. Karen representa a la mujer colombiana de la ciudad, a la mujer real con una vida real y problemas reales. En este sentido, la propuesta, la premisa de la película, es completamente rica y novedosa en su exploración de algunas de las dimensiones de lo femenino en Colombia: la relación entre la mujer y el machismo que domina el país, la búsqueda de independencia económica, su sexualidad, su relación con la ciudad, con lo urbano. Estos elementos emergen de la historia gracias a la poderosa actuación de Ángela Carrizosa, y a la evidente pasión que Gabriel Rojas, escritor y director, le puso a su película para llevarla con esfuerzo a las pantallas de cine.

Pero una premisa profunda, una actriz excelente, y un director apasionado no son suficientes para parir una película realmente conmovedora e impactante. Es necesario tener un guión perfectamente afilado y lograr que todas y cada una de las escenas sean visualmente atractivas y transmitan potencia dramática a través de las acciones de los actores.

A medida que avanza, la película se va debilitando debido a inconsistencias narrativas y dramáticas. Karen como personaje divide su vida entre su supervivencia económica y su bienestar afectivo (su relación con los hombres), pero ni el conflicto afectivo ni el conflicto económico alcanzan la intensificación necesaria para que el proceso de transformación que Karen sufre, y que también goza, emerja de la pantalla y conmueva al espectador. De otro lado, la diferencia evidente entre la actuación de la actriz principal y la actuación de los actores secundarios hace que las escenas que Karen comparte con otros personajes sean disonantes al compararlas con aquellas en las que ella sola explora la ciudad buscando su propio sitio en el mundo, o con aquellas en las que el rostro de Karen expresa, sin hablar, las angustias de la vida o las pequeñas alegrías del día a día.

Muchos factores influyen en la producción de un proyecto cinematográfico. En este caso se puede hablar de las dificultades y retos que debe vencer el director que realiza su primer largometraje, el tener que enfrentarse a las restricciones de tiempo y recursos que condicionan el trabajo de escritura de guión y la ejecución misma del proyecto, el soportar la presión permanente que impone el deseo de hacer una buena película. Pero estos son elementos que al público no le interesan. Al final es la película, terminada y desnuda, no las circunstancias de su producción, la que se somete a la inspección de los ojos y de los sentimientos de la audiencia.

Con “Karen llora en un bus” queda la sensación de una película que no se acabó de construir, una película a la que le faltó más para lograr expresar con contundencia esas ideas apasionadas sobre la mujer colombiana, sobre la mujer real que camina por las calles de la ciudad, que le dieron origen a su existencia como obra audiovisual.

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[El “Punto de Ataque” es un concepto originado en la teoría dramática y se usa para definir el primer momento de desequilibrio en el arco narrativo del personaje principal de una historia].

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