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ReviewsSin Novedad en el Frente Audiovisual: Guerrilla Girl on TV

Sin Novedad en el Frente Audiovisual: Guerrilla Girl on TV

Amsterdam, Diciembre 8, 2005

Articulo para revista Cambio:

“En Colombia, hablar en una plaza pública y reclamar sobre derechos sociales, es arriesgar la vida. En promedio, dos sindicalistas son asesinados cada semana. Hay grupos paramilitares asesinando aquí y allá. Colombia es un país en el que la gente vive en peligro”. Así respondió Frank Poulsen – director del documental danés Guerrilla Girl que tuvo su estreno mundial en el International Documentary Film Festival Amsterdam el 30 de Noviembre – al preguntarle sobre los riesgos que puede correr “Isabel”, la protagonista de su documental, si la película se exhibe en Colombia. Sin embargo, afirma que “tanto ella, como su padre, y los comandantes de su campo de entrenamiento estuvieron de acuerdo con el film… y no sería fácil encontrarla. Colombia es un país muy grande.”

Pero entender la existencia de un producto audiovisual como Guerrilla Girl, más allá de los hilos ideológicos que tejen su contenido, requiere comprender cómo funciona el mercado internacional de documentales y los intereses tras un proyecto específico. En este caso los sospechosos de siempre son la casa productora que ha apoyado el documental, el director que lo ha creado, y las empresas de televisión que lo han financiado. Además, y más importante aún, está el objeto del documental: no Isabel, la guerrillera recluta de 21 años, sino las FARC, alias Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, alias FARC – Ejército del Pueblo.

 

El director, Frank Poulsen, es un joven danés de 30 años, de izquierda de primer mundo, que se ha graduado en 2001 de la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca, y que se ha interesado por años en temas del tercer y cuarto mundos, especialmente en la situación africana, que ha documentado personalmente. Una de sus maestras en Dinamarca fue Karoline Leth, productora de la compañía Zentropa Real, la misma compañía que creó el decálogo de cine anti-Hollywood conocido como “Dogma 95” y que ha ofrecido joyas cinematográficas como Los Idiotas. Aunque ya había trabajado en la Televisión Publica Danesa el reto de Frank era realizar su primera película. Un documental no sólo es relativamente más fácil de producir que un film argumental, sino que puede ser una forma sólida de penetrar el competitivo mercado de los commodities audiovisuales. Y para penetrar mercados, nada mejor que hacerlo con signos reconocidos a escala global: Guerrilla, FARC, Colombia.



Frank tuvo que esperar año y medio, después de un primer contacto, para recibir la invitación de las FARC y poder visitar algunos de sus campamentos en la costa caribe: “Después de que la Unión Europea, forzada por Bush, los declarara terroristas, tuve la idea de mostrarlos como seres humanos. Nadie quería financiar este proyecto, además les parecía muy arriesgado, o que nos podrían matar o secuestrar. Pero una vez desarrollado el contacto, decidí viajar para hacer algunas tomas, regresar y mostrar que era posible realizarlo… Unos guerrilleros nos recogieron en un país vecino y nos introdujeron a Colombia. Allí nos presentaron a Iván Márquez, el más joven de los líderes de las FARC. Me impresionó que supiera tantos detalles sobre mí, me habían estudiado previamente. Yo iba con argumentos preparados, para explicarle por qué era importante hacer este film, que además implicaba quedarnos tres meses con ellos, pero antes de que le explicara las razones simplemente me dijo: ‘bien, nos parece una buena idea, cuando comienzan?'”

 

Por supuesto, en un escenario con guerra civil de alta intensidad, cualquier grupo guerrillero tropical – antagonista de un Estado que utiliza los medios de comunicación de acuerdo a las teorías de la Universidad de Oxford – tratará de usar esos mismos medios en el frente de batalla, pero de acuerdo a otras teorías, las del azar. Álvaro Uribe ha utilizado los medios nacionales como herramientas básicas de su marketing político (con más minutos al aire y más centímetros de papel que cualquier bebida gaseosa). De otro lado, las FARC, ya sin municiones mediáticas en Colombia, requerían abrir una ventana de exhibición en el frente de la imagen. Y la ventana se abrió, como caída del norte, gracias a la Unión Europea.

Karoline Leth, productora del film, confirma el costo del proyecto: 260,000 euros (unos 700 millones de pesos). Sobre el film comenta: “Zentropa no tiene un interés político. Lo que buscamos es producir películas de alta calidad. Me parece increíble lo que ha hecho Frank y estoy muy orgullosa de él. Cuando regresó de Colombia y me mostró sus tomas le dije que haríamos la película. Eran secuencias increíbles y me encantó todo lo que había conseguido”. Y la financiación? “La inversión en el proyecto provino sobre todo del Instituto de Cine Danés, y de cuatro canales de televisión pública de Dinamarca, Holanda, Estonia y Finlandia.” En otras palabras, Guerrilla Girl es un film sobre las FARC, financiado con dinero de la Unión Europea, que tendrá presencia internacional en festivales de cine y distribución global en señales de televisión satelital.

 

Las 60 horas de imágenes ya fueron reducidas a 55 minutos, para exhibición en televisión, y a 90 minutos, para exhibición en teatros. La historia, muy bien fotografiada y a ritmo de música melancólica, relata la transformación de Isabel, durante los tres meses de entrenamiento básico, de guerrillera kinder a guerrillera primaria. Isabel toma clases revolucionarias bajo una carpa con bancas hechas de monte, practica la guerra con un fusil de madera, y comparte su educación universitaria explicando a sus colegas de estratos menos afortunados la importancia geo-política del Amazonas y el Putumayo. Pero la chica guerrillera no atraviesa mayores conflictos físicos ni emocionales evidentes; no hay civiles secuestrados, ni pipetas de gas mutilando la piel, ni minas antipersonales, ni encuentros de negocios con cultivadores de hoja de coca. Y por eso el argumento se queda plano y en la superficie.

Sin embargo, como en todo documental, algo nuevo se entiende y algo de la realidad emerge de una u otra forma, incluso si el tema verdadero es la guerra entre la propaganda del estado y la propaganda insurgente. Y ese es el problema de Guerrilla Girl. Hay demasiado afán por parte de las FARC (obviamente), e incluso por parte del realizador, por hacer ver la vida guerrillera como un espacio de convivencia relativamente normal, a veces ridículo, casual, inocente. Pero todos sabemos que en Colombia la inocencia se perdió con los muertos del siglo veinte. En Colombia nada ni nadie es inocente y mucho menos en el frente audiovisual.

Documentales como Guerrilla Girl tienen dos mercados estratégicos, los canales de televisión abierta, que en países como Francia o España pueden pagar hasta 50,000 euros por los derechos de emisión; y los muchos canales segmentados de cable que pueden pagar hasta 5,000 euros por derechos reducidos. Guerrilla Girl, por su tema y por su controversia, es un producto con alto potencial comercial y, combinando la exhibición en Televisión, Teatros, Home Video, y Centros Educativos, puede fácilmente alcanzar un millón de euros en ventas mundiales en los próximos 12 meses.

 

Tine Klint, coordinadora de ventas de Film-Trust, el brazo comercial de Zentropa, confirma que ya adelantan conversaciones con canales de televisión y cadenas de cines de diversas partes del mundo, incluyendo Latinoamérica; también con un canal satelital latinoamericano, “aunque ese contrato aún no se ha cerrado”; y con tres distribuidores de cine colombianos que están interesados. Nada mal para tres meses de aventura en una selva caribe, en una selva ajena que puede disfrutar un europeo, pero que aterra a millones de colombianos. La exhibición en Colombia de Guerrilla Girl (también con alto potencial comercial) será una prueba de comunicación para el discurso incesante y mediatizado de Álvaro Uribe. Tendrá que decidir, junto con sus asesores de imagen, si permitir la exhibición y aceptar que los colombianos somos capaces de manejar racionalmente este tipo de contenido, o censurar la película y suponer que somos incapaces de entender nuestros propios conflictos.

Tal vez así es. Tal vez hemos sido incapaces de entender nuestros últimos 100 años. Porque Colombia jamás aprendió a entender sus propias guerras. Pero desgraciadamente aprendimos muy bien a olvidar a nuestros muertos.

Tal vez así es. Tal vez hemos sido incapaces de entender nuestros últimos 100 años. Porque Colombia jamás aprendió a entender sus propias guerras. Pero desgraciadamente aprendimos muy bien a olvidar a nuestros muertos

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