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ReviewsEl Cine y los pecados del mundo: La Pasión de Gabriel (Agosto 2009)

El Cine y los pecados del mundo: La Pasión de Gabriel (Agosto 2009)

En algún lugar de las montañas de Colombia, más allá de las fronteras del Estado, un pueblo pequeño vive aparentemente tranquilo bajo las reglas sutiles de “los otros”, esto es, a merced del estatus quo de las guerrillas colombianas, enmontadas ya por cinco décadas. A los 33 años, un hombre pecador, al servicio de Dios y del pequeño pueblo, tratará de cambiar el estado de las cosas, sin detenerse a imaginar bien el precio que este mundo impone sobre los actos bondadosos.

“La Pasión de Gabriel”, la nueva película colombiana a estrenarse en salas de cine durante agosto de 2009, es una representación de Colombia, y de muchos otros lugares del mundo, en la que hacer el bien es producto de la obstinación de unos pocos mientras los muchos son indiferentes, pasivos, cobardes, o los tres. Gabriel, el joven cura del pueblo y protagonista de la historia, poco a poco entra en conflicto con los diferentes actores que conforman el espacio social de la región (los pobladores, la guerrilla, los políticos, el ejército) simplemente porque sus acciones son positivas para “el prójimo”. Cada uno de estos actores sociales tiene intereses distintos, y las acciones de Gabriel, aunque justas, siempre aparecen opuestas a los objetivos de alguno, o varios, de estos grupos.

Así, la guerrilla considerará negativo que Gabriel ayude a los jóvenes del pueblo a buscar futuros diferentes al monte y a las armas. Las familias del pueblo se disgustarán cuando Gabriel les explique a los niños las atrocidades reales de la guerra. El alcalde se opondrá a los intentos de Gabriel por gestionar directamente, dada la ineptitud del político, algunas mejoras en la infraestructura de la región. Para el ejército ausente será inadecuado que Gabriel denuncie arrestos injustos, sin el debido proceso, impuestos sobre algunos habitantes del pueblo. Y por último, a la Iglesia no le caerá nada bien que el cura obre y peque fuera del templo, es decir, que sea proactivo en su intento por elevar la palabra de Dios mediante ejemplos reales que generen impactos positivos en la comunidad.

La película, la representación cinematográfica, dice entonces que el hombre bueno queda aislado en el centro de la sociedad, mientras ésta lo mira como bicho raro que debería meterse en sus propios asuntos. En el extremo, al que varias veces ha llegado Colombia, el resultado de semejante presión social negativa es, por un lado, la ausencia de seres bondadosos que impulsen a la sociedad hacia la justicia y el entendimiento; y, por otro, la multiplicación de los seres pasivos que ven pasar las tragedias en la tele mientras el poder lo usan unos pocos para beneficio personal y para abusar de él. La solución es entonces abandonar el pueblo, cruzar el río y “desplazarse” a otro lugar. A la capital del departamento, a Bogotá, a Miami, a Madrid, a Nueva York.

Escrita por Diego Vásquez, dirigida por Luis Alberto Restrepo y protagonizada por Andrés Parra, “La Pasión de Gabriel” es la mejor película sobre la guerra (el “conflicto armado”) en Colombia que se ha producido en las últimas dos décadas. Mediante un guión impecable, afilado escena por escena, lleno de revelaciones dramáticas y visuales que intensifican la tensión hasta sangrar, se presenta la guerra desde el punto de vista del pueblo, de los actores civiles, demostrando la complejidad del conflicto en el que se ha sumido el país, la permeabilidad sutil de la violencia sobre las fibras más vulnerables del tejido social de Colombia, la humanidad de la gente que vive el peso del mundo sin esperar demasiado, y las monstruosidades de unos pocos que han conseguido apoderarse del imaginario nacional.

Junto a películas como Rosario Tijeras (2005), Bluff (2007), Satanás (2007), Paraíso Travel (2008), Perro Come Perro (2008) y Los Viajes del Viento (2009), La Pasión de Gabriel es un nuevo paso hacia adelante en el arte de producir cine profesional en Colombia en todas sus dimensiones: técnica, dramática, y visual. El premio a mejor actor que Andrés Parra recibió en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara 2009 por su interpretación del cura Gabriel es una señal justa del nivel avanzado que las películas colombianas están alcanzando en el ultra-competitivo mercado internacional del cine.

Los pecados de Gabriel representan las faltas de los seres humanos inocentes, faltas que a diferencia de los pecados de la sangre y la violencia, sí se pueden limpiar en las aguas cristalinas de un río de provincia. Y si bien hay todavía sangre en los ríos de Colombia, las acciones de Gabriel ofrecen la esperanza de cambios buenos por venir. Porque al final, no habrá ser humano, ni país, que atraviese dos veces el mismo río.

Estas cinco obras cinematográficas, relacionadas en mayor o menor medida con el conflicto social, constituyen una muestra intensa y profunda de Colombia. Bienvenidos entonces los próximos diez años.

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[El “Punto de Ataque” es un concepto originado en la teoría dramática y se usa para definir el primer momento de desequilibrio en el arco narrativo del personaje principal de una historia].

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