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Imagen tomada de: bibliografias.com

Carlos Fuentes: Entrevista sobre Venezuela con el escritor mexicano

CARLOS FUENTES ha visitado el Aula de la Universidad de Ámsterdam el pasado viernes 18 de Noviembre. Ha hecho una conferencia sobre las relaciones entre España y México a través de la historia, es decir, desde “la primera globalización” en 1492. Ha sido un discurso perfectamente ejecutado, con la magia de quien habla como se lee un cuento y con un público atento por un lado y por otro desconcentrado en el frenesí de tomar fotos digitales de mala resolución con las cámaras de sus teléfonos sueco-japoneses.

El escritor mexicano ha centrado su conferencia en cuatro momentos de la historia de las Américas. Primero la Conquista contundente de México entre 1519 y 1521 que relatara Bernal Díaz del Castillo y que culminara con la gloria de Hernán Cortés quien, para ejecutar su proyecto, bien se hizo acompañar de las condiciones enunciadas por Maquiavelo en El Príncipe: la Necesidad, la Virtud Pretendida y la Fortuna (Cortés llego al país Azteca como un Dios, la Serpiente Emplumada, el día y la hora señaladas por el calendario piramidal); el segundo momento fue la independencia de México durante el temprano siglo XIX que, a diferencia de los otros movimientos de independencia en América, no fue impulsada por las élites criollas sino por el pueblo mexicano y liderada por algunos jesuitas clave; el tercer momento al que se refirió Fuentes fue el de la revolución mexicana en 1910, cuando el ejercito de Pancho Villa derrocó el decadente y debilitado gobierno vitalicio de Porfirio Díaz y, tras invadir las mansiones del “dictador”, los revolucionarios, el pueblo mexicano, se vio por primera vez en un espejo de cuerpo entero, y recobraron su identidad: ni indios ni españoles, MEXICANOS! (un pasaje que ha recreado en detalle en su novela Gringo Viejo); el cuarto momento es el momento actual entre las dos Naciones, España aún en la cresta de la ola del crecimiento económico, de la creación de su identidad europea, y de su reciente democracia, y México, en la tensión permanente de estar entre Estados Unidos y América Latina, entre su potencial de desarrollo y su desigualdad económica; los dos países sintiendo el viento de la globalización, compartiendo lengua y cultura, uno bajo la protección planeada de Europa, el otro para el provecho de su vecino.

La conferencia ha sido siempre interesante, aunque Carlos Fuentes la ha abordado de una manera en exceso diplomática, algo entendible dada la presencia en el recinto de los embajadores en Holanda de México y España. Ha suavizado las secuencias históricas de mayor derramamiento de sangre y de esclavitud y ha exaltado los instantes positivos de la impracticable pero bien escrita Ley de Indias y de los exiliados republicanos españoles – incluido Luis Buñuel – que, huyendo de Franco y de la guerra civil en la Península, enriquecieron y “modernizaron las artes y las letras mexicanas del siglo veinte”. A pesar de que el momento final no alcanzó el clímax esperado para el ritmo inteligente y rápido de su discurso, los aplausos no fueron escasos. Los aplausos de un público que había escuchado con placer.

Luego de media hora de fotografías y cumplidos de decenas de sus admiradores me acerqué al escritor y le hice algunas preguntas. Al presentarme y saludarle Carlos Fuentes hizo bromas joviales sobre mi condición de colombiano – “Ah! Usted es uno de los que vive bajo la constitución de los ángeles” – refiriéndose a la constitución de Colombia de 1863, que había citado durante la conferencia, y a la que Victor Hugo se refirió como una constitución “para los ángeles y no para los hombres porque está bellamente escrita pero nadie la aplica”. Por supuesto le recordé que ya la habían cambiado varias veces, la última en 1991 (con relevante influencia del notorio traficante Pablo Escobar) a lo que Fuentes replicó, como una broma seria, “claro, ahora debe ser para los demonios!”. Pero mis preguntas estaban fuera del contexto de admiración precedente, eran sobre la Venezuela de Hugo Chávez (que ahora también le tira dardos a Vicente Fox). Su actitud alegre cambió y cobro una seriedad casi agresiva aunque calmada.

– Cuál es su opinión sobre la situación de Venezuela?

Carlos Fuentes: Chávez me parece un payaso peligroso. El hombre está sostenido por las exportaciones de petróleo a los Estados Unidos, por eso puede hablar mal de todo el mundo, incluso de Bush, pero mientras él venda petróleo y ellos se lo compren él está a salvo y muy contento y se pitorrea y se ríe del resto del mundo. Es un gran payaso, un gran Clown.

– Pero cree usted que Chávez puede estar planteando una desviación ideológica seria, con futuro?

Carlos Fuentes: es muy pragmático, muy pragmático, le vende todo el petróleo que quiere a los gringos y ellos se lo compran y ahí no se critican y ninguno le lanza insultos al otro. Es pura demagogia, pura verborrea!

– Y para el Pueblo Venezolano? Es sólo un riesgo?

Carlos Fuentes: El pueblo venezolano va a terminar por pagar la presidencia de Chávez, porque él entrega, regala y no produce. Entonces, como sucedió con Perón en la Argentina, van a decir “Vete! Nos has arruinado, gracias por tus regalos pero de eso no se vive”.

– Cuál es su opinión sobre TeleSur, el canal de televisión que está impulsando Chávez y que de alguna manera se propone como un espejo para América Latina, lo que conceptualmente tiene que ver con la metáfora de la Identidad y el Espejo que mencionaba en su conferencia?

Carlos Fuentes: No! Si está dirigido por Chávez, Chávez no representa a América Latina, y si pretende hacerlo va a fracasar.

– Y la iniciativa de TeleSur en sí misma?

Carlos Fuentes: Bueno, puede ser buena, pero con Chávez no. Chávez es un demagogo espantoso. Yo a Chávez no le creo ni el bendito. Sé que muchos si le creen, pero yo no.

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Dos minutos con Carlos Fuentes. Caminó sin enojo de vuelta al mundo de los cumplidos literarios y de sus admiradores. Y probablemente a una cena con los representantes de las embajadas. De vuelta a ese mundillo de ensueño de las élites estatales, tan lejano y tan ajeno al de los pueblos de su propia literatura.

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[El “Punto de Ataque” es un concepto originado en la teoría dramática y se usa para definir el primer momento de desequilibrio en el arco narrativo del personaje principal de una historia].

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